Te espero siempre
A ella le gustaba oler la mezcla de lluvia y café por las tardes en que hacia frío, entre los brazos de él, sintiendo muy cerca su cuerpo, con los centímetros entre ellos siendo escombros demolidos por la piel. Escuchaba atenta el goteo sobre el tejado, las ventanas que eran cubiertas rápidamente por las gotas, y disfrutaba el momento. Solía suspirar y murmurarle, que era como una sinfonía rítmica y bien estructurada, que sólo pocos podrían detectar. Para ella cada una de las gotas, era como una nota breve y explosiva que era continuada por otra, y otra más y así sucesivamente hasta cesar por completo, sabia escuchar los murmullos que provenían de su choque, e interpretarlos, se quedaba entonces largo tiempo en silencio, bebiendo de sorbos lentos su café, mientras recordaba su niñez, al final siempre terminaba desnuda y en el calor de sus brazos, y eso era lo que más disfrutaba de las tardes , las mañanas, y por supuesto las noches de lluvia.
Le gustaba tan bien, caminar descalza y largas horas por la playa, dejando sus huellas en toda la arena, mojándose los pies en su andar suave de niña inquieta, mientras mostraba esa su inconfundible risa reflexiva de mujer sabia, bronceando al candor del sol sus escuetas y delgadas alas de ave. Cuando el sol comenzaba a ponerse, y el mar se tornaba de otros vehementes colores, se soltaba el cabello y regresaba por dónde sus desaparecidas huellas, con el olor de mar en el cabello, perlas en la sonrisa, y el corazón navegante en sutil movimiento. Para entonces sus alas llenas de fuerza, se empezaban a mover por el amor, y alzaban vuelo dejando caer sobre el mar pizcas de arena como estrellas, y volaba, volaba alto, hasta encontrarse con él, en sus idilios perfectos, para convertirse en agua, y beberse mutuamente hasta tempranas horas.
A ella le gustaba perderse entre la gente, en las platicas interesantes de mujeres ingeniosas y desconocidas, le gustaba sentarse cerca de las fuentes a leer la vida de los civiles des-enamorados. Muchas veces solía contar de los des-encuentros que le sucedía a la gente, por algunos minutos de vida antes o después que no supieron esperar y le lastimaban las historias de amor con futuro, mal logradas, y ayudaba desde su rinconcito a que tuvieran un buen final, y regresaba un tanto más aliviada a su casa, sin minutos de retraso a su propia historia. A ella le gustaba irle tomando fotos a la vida, y no al cuerpo, iba retratando por las calles los movimientos transcendentes, los momentos importantes que trazan y definen de por vida a alguien, y los guardaba en secreto, era la verdadera historia del mundo, solía comentar con alegría;
- Y es mi tesoro, y de todo aquél que los ha vivido.
A ella no le gustaban los funerales, eran un mal humano, según decía, no era necesario algo tan formal, para alguien que nunca se iría mientras viviese en el recuerdo de todo aquel que le quiso, era mejor llevártelo en el recuerdo a festejar su muerte, a los lugares que siempre le gustaron. A elle no le gustaban los funerales, por eso se negó asistir al suyo. Aquél día que logre ver la lluvia dentro de sus ojos, y escuche atento la sinfonía que tenían de principio a fin para mí, fue la primera vez que no quise saber el mensaje que guardaban sus notas. Esa tarde la encontré en cama ahí estaba tan reflexiva, con su sonrisa de niña tierna como siempre, tenia la taza de café aún lado, vacía, y al mirarme me dijo que le encantaría una fiesta sólo de dos, en la noche a media luz y caminando descalzos por la arena. Y yo que siempre estuve en sus abrazos, en sus historias, bajos sus lunas, en sus miles de fotos, encuentros y lluvias, decidí no suponerme nada…
Y ella me tomo en sus manos, con esa dulzura que le sobraba desde siempre, desde hace tanto tiempo y me dijo muy suave como de costumbre:
-Amor, yo sé que no querrás saberlo, que llegaste esperando lo mejor… que tenias las mismas esperanzas que yo, aún que a veces estaba convencida de que esto se escribiría en mi breve historia… aún así, hice todo lo que pude, pero debes aceptarlo, aún están mis huellas en todas partes de tu cuerpo, mis historias gravadas en tus besos y mis fotos serán nuestros momentos, y tú, sólo tú por siempre mi tesoro . ¿Me miras?, esta sonrisa es tuya, siempre lo será… pero perdóname amor, ya no puedo, me estoy muriendo, ahora mismo me quema por dentro, me desgarra, me deshace y la vida apenas es un delgado hilo que se rompe, Mi pequeño gran pintor, sólo quiero que sepas, que te quiero, no me he ido, por que quería verte por ultima vez, tú sabes que Te espero siempre, y aún que cierre los ojos aún así, nunca me iré.
Sólo pude abrasarla tan fuerte como mi cuerpo y el alma me lo permitieron,
-Yo también te quiero.. te quiero…apenas pude murmurar, sentía el corazón en la garganta, y las fuerzas fuera de mi cuerpo.
-Recuerda que te quiero. Te espero siempre… eso fue lo ultimo que me dijo, con todo el amor y el recuerdo de mar que habitaba en su alma, mientras se me desvanecía como arena astral entre los brazos, elevándose con sus alas hasta el cielo y evaporándose,
para que por las tardes de nostalgia, se riegue como lluvia al contorno de nuestras ventas, para ser murmullo y contarme historias. Para recordarla siempre, y no olvidar que lo qué más le gustaba era: Esperarme siempre.





